Travesías del Hombre Lobo: Entre el ego, el amor y la dictadura

por Asylum el 11 Junio, 2018
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Travesías del Hombre Lobo - Lucia Guerra (Editorial Zig-Zag)

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11 Junio, 2018
La firme

La historia en si avanza bastante rápido y relatada en su gran mayoría directamente por su protagonista, una persona que a ratos tiene aires de víctima y luego te agobia por su total desprecio hacia las personas que según el son solo basura humana e inferiores. Existe un "juego" por decirlo de alguna manera en donde Antonio logra mezclar sus pensamientos con vívidos recuerdos de su niñez y de su familia, que tiene mucho que mostrar y esconder.

“Y se hizo el mal …

condenado a repetirse una y otra vez.”

Con esta frase que te llena de preguntas o, al menos, te intriga bastante, es que comienza este libro de Lucía Guerra, y también la historia del joven Antonio, cuya vida cambia de un día para otro al convertirse en un asesino.

Estoy en ese molesto momento donde un libro me atrapó a tal punto, que solo quiero que todos lo lean con tanto afán como yo, pero no quiero contar tantos detalles ni revelar demasiado de la historia, por que la idea es que lo vivan ¿cómo lo hago?

Creo lo mejor será primero presentarles a su autora.

Lucía Guerra: La mente creativa detrás de este relato.

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Lucía Guerra me sorprendió muchísimo y gratamente con su narrativa llena de detalles, personajes carismáticos y lograr uno empatice o por lo menos un vínculo con ellos; cosa nada fácil de lograr en una lectura no muy larga (213 páginas exactas) pero atrapante desde el inicio.

Lucía Guerra (Santiago, 1943), es una escritora y crítica chilena, que ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Casa de las Américas en la categoría de ensayos (doblemente en 1994, por “La mujer fragmentada: Historias de un signo”, y luego, en 2013, por “La ciudad ajena: Subjetividades de origen mapuche en el espacio urbano”), el Premio Gabriela Mistral por la novela “Más allá de las máscaras” (1992); y el Letras de Oro, de 1991, en los Estados Unidos, y el Premio Municipal en Chile, al año siguiente (1992), ambos, por los cuentos de “Frutos extraños”.

Sus títulos han sido traducidos al inglés, al alemán, al italiano, al portugués y al sueco. También es profesora de la Escuela de Humanidades de la Universidad de California (EE.UU.), y una de las mayores estudiosas de la obra de María Luisa Bombal.

Una seca de principio a fin.

Ahora a lo que nos atañe

“Asesino, ya ni siquiera me inmuto al pensar o pronunciar esta palabra. Soy un asesino y me acabo de subir a este tren para huir de mis posibles delatores”.

Como comenté, es un libro no muy extenso en cuanto a páginas se refiere y que, en estricto rigor, su título lo refleja y a la vez no. Me explico, ya que si cualquiera lo viera en una librería, creería es un libro de terror o ciencia ficción, con hombres misteriosos aullándole a la luna llena en edificios altos o bosques tenebrosos y que poco a poco va cambiando a la forma de un animal sediento de carne.

¡Pero no! Le das vuelta para leer su mini reseña típica de los libros y ¡paf!, ¡sorpresa!, te das cuenta de que narra la historia de un asesino en serie, que mata a mujeres en plena época del golpe militar en nuestro país y que se esconde bajo un halo de buena familia y una frialdad que impresiona. En mi cabeza solo atiné a decirme a mí misma un buen chilenismo “¡ahí tení, poh, washita!” Obviamente no lo pensé 2 veces y se fue conmigo; ya que por lo bajo sería entrete de leer en mis ratos libres post trabajo o mientras mi pequeña va a sus clases de natación y me toca esperarla como buena mamita.

Mi sorpresa se multiplicó cuando comencé mi lectura y no lo solté hasta llegar casi a la página 70. Estaba demasiado intrigada por cómo Antonio (el protagonista) actuaba, cómo su mente trabajaba y sobre todo un ego que ni Lucho Jara puede igualar.

Antonio es un joven de veintitantos que viene de una familia de clase alta (él está bien claro en esto, y no teme hacérselo notar a todos). Él mismo nos relata desde el inicio como un día en el año 1973, comenzó a sentirse diferente. Un día de esos que todos hemos tenido, donde todo, pero todo te sale mal. A él no solamente lo domina la frustración sino también, lentamente, una agresividad muy poderosa, que desde lo más profundo, toma control poco a poco de su mente y actos, cada vez más violentos.

“A medida que fueron pasando los días, empecé a acostumbrarme a esos momentos de rabia y violencia cuando caminaba por la vereda del río Mapocho”.

Toda esta metamorfosis emocional y el actuar de nuestro Antonio tienen también como fondo un Chile dividido por la política: las clases sociales, el tiempo de la Unidad Popular y el recordado gobierno de Salvador Allende. En la casa de Antonio es el tema de conversación principal, aparte del copuchenteo de su madre con tías y amistades, que es siempre sobre estos temas políticos, ya que su hermana está muy vinculada a este mundo. Sin embargo, él vive en un mundo muy aparte al de su gente.

Comienza con un hábito muy raro en él: ir por las noches a los barrios mas pobres y a veces caminando por las noches a orillas del rió Mapocho. Nadie sospecha de él y sus pensamientos, y deseos de violencia, ¿y quién lo haría? si su porte, modales y apariencia son los de un joven decente, de dinero y muy buen pasar. Esta misma apariencia le sirve para esconder sus nuevas “necesidades” , y poder llevarlas a la impunidad de la noche.

Una muy fría noche, por casualidades del destino, conoció a Verónica; una joven humilde y hermosa del barrio bajo que, para suerte o desventura de Antonio, vivía de una casa de remolienda (putas Harry, putas). En ella descubrió lo que sería su primer amor verdadero y totalmente pasional. Además, como nunca creyó pasaría, comienza a acercarse a la gente más humilde del gran Santiago, lo que lo haría contrastar su propia vida con la de las familias más pobres; y también donde un crimen se comenzaría a engendrar.

“…Pero lo más terrible de todo fue el golpe que me dio la realidad. ¡Cómo era posible que anduviera tan enamorado de una chiquillona pobre e ignorante! Yo que me respetaba tanto a mi mismo”

La historia en sí avanza bastante rápido y relatada en su gran mayoría directamente por su protagonista, una persona que a ratos tiene aires de víctima y luego te agobia por su total desprecio hacia las personas que, según él, son solo basura humana e inferiores. Existe un “juego” donde Antonio logra mezclar sus pensamientos con vívidos recuerdos de su niñez y de su familia, que tiene mucho que mostrar y esconder.

Los detalles en el relato son de mucha ayuda al lector, ya que logramos imaginar cómo es el lugar, la gente y las emociones de todos los que están en la escena; y en mi opinión personal, el hecho de ocurrir en nuestras calles donde más de una vez he paseado, ayuda muchísimo.

Cuando leí la breve reseña del libro y ver que estaba ambientada en 1973 con el golpe militar latente, tuve un poco de temor de que este tema tan, pero tan manoseado se comiera la historia o los personajes; que pasara a ser demasiado predominante. Pero, gratamente, no fue así; recibe el lector la justa cantidad de este tema, lo suficiente para entender cómo estaba Chile en ese momento, la postura político/social del mundo de Antonio y también poder comprender cómo este hecho repercute en los actos del protagonista.

Como dije, no quiero contar demasiado por temor a quitarles las sorpresas al lector o que crean ya saben lo suficiente de la novela.

¿Qué pueden esperar del libro? Bueno, mis mutantes, no esperen tampoco una lectura pesada, o que les va a cambiar la vida, por que no es así. Es una novela a ratos liviana y fácil de entender, a otros te golpea con escenas eróticas llena de detalles y morbo, violencia desmedida y también te incomoda en algunos momentos. Lo recomiendo a quienes gustan de leer al terminar la jornada diaria, con un café bien cargado y la lluvia invernal en las ventanas.

Pero siempre en estos temas lo mejor y como se dice siempre: Léanlo y júzguenlo Uds. mismos.

Gracias totales a Editorial Zig-Zag por su gentileza y entregarme esta novela 

Créditos de fotografías a quien corresponda.

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